Кафедра испанского языка



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Дата21.10.2012
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exclamaciones: ¡Que palo! ¡Vaya morro! ¡No me vengas con tus nervios! ¡No me vengas con tu drama! ¡Chitón! ¡Venga! ¡Menudo cabrón! ¡Yo qué sé...!

Se usa muchísimo la palabra fuerte: Lo tuyo es muy fuerte. Me parece super fuerte (Actualmente llegan a decir: super-mega-fuerte). ¡Qué fuerte! (expresa sorpresa, admiración, incredulidad), me dijo cosas muy fuertes (que causan un gran impacto), una película fuerte (violenta).

Chulo, otra palabra que escuchamos a menudo. Fíjense en pluralidad de sus significaciones: está todo chulo – todo bien; tu primo me pareció muy chulo presuntuoso (individuo de las clases populares de Madrid, que se distinguía por cierta afectación y guapeza en el traje y en el modo de conducirse); se puso muy chulo con nosotros – insolente; un collar muy chulo – bonito, gracioso.

El uso del adjetivo gordo en varios contextos tiene significaciones diferentes: “Eso es muy gordo” – dice la madre a su hijo al saber de su conducta vergonzosa. “A tu hijo le ha tocado el gordo”, – es el caso cuando se sabe que Tony se enamoró (y mutuamente) de una chica de la familia elitista. “Este tío es un pez gordo” – así se habla de un cliente rico y con “amistades”. En la conversación de dos adolescentes aparecen “amenazas gordas” (5).

Observemos otro procedimiento para dar mayor viveza al discurso: es acortar las palabras (especialmente es característico para el lenguaje de los jóvenes de hoy, pero el fenómeno ha empezado a surgir en aquella época): decir “profe” en lugar de profesor/a, “peli” – por película, “cole” – por colegio, “boli” – bolígrafo, “bici” – bicicleta, “tele” – televisor, hacer la “mili” – servir en ejército. El “cumple” – cumpleaños, la “manifa” – manifestación, la “uni” – universidad. También tenemos: “porfa” – por favor, la “poli – policia”, “progre” – progresista (para referirse a un modo de conducta que rompe los patrones regulares).

Tratamientos. En aquella época no se tuteaban tan a menudo como ahora. La posición social determinaba el tratamiento. Y también el respeto a la edad.

Se echan a la vista las barreras sociales en el trato del dueño de la imprenta donde trabaja el protagonista, con sus empleados: ellos se dirijen al dueño – Don Pablo, él les trata por sus nombres y los tutea. Y hasta en un ambiente informal, en un restaurante, donde los dos, Antonio y Don Pablo, se emborrachan y se quejan uno al otro, este trato sigue en pie. Lo mismo pasa en el Ministerio de Agricultura en que trabaja como ordenanza Antonio: – “Doña Carmen”, – suplica Antonio a la secretaria del subsecretario del Ministro pidiendo una cita con éste.

En el colegio los chicos de la primaria tratan de usted y Don Severino a su maestro. Sin embargo, en el bachillerato – ya es el año de 1977, la profesora pide a los alumnos que la llamen “Carlota”.
Tony estudia en la universidad todavía con Franco y se dirige al catedrático Don, Señor, “los catedráticos eran reyes entonces”, – se dice en el comentario off con visible nostalgia.

Entre sí los chicos se llaman: macho, chaval, tío/a (se usa muchísimo ahora), chico/a, hombre.

Antonio siempre trata de usted y Herminia a su suegra. Lo mismo hacen los jóvenes del barrio respecto a las personas de tercera edad. En general, la gente de la época era más respetuosa lo que muestra la película y eso provoca millares de comentarios nostálgicos de parte de espectadores. (Actualmente el criterio determinante para tutear o tratar de usted a alguien es la edad, más que su estatus social. En principio, se puede tutear a cualquier persona que aparente menos de 30 y pico o 40 años. Claro, esta regla tiene exepciones).

Es interesante hacer notar el uso de los colores en esta narrativa lo que refleja también ciertos períodos historicos A menudo en la serie dicen los grices, así se llamaba la policía de Franco, “los grices” reprimían duramente a los estudiantes en las manifestaciones.

Los rojos es una referencia clarísima: comunistas, republicanos, Moscú, todo lo que es de isquierda. “No queremos rojos en el barrio”, – grita uno de los vecinos. “Me sale un hijo rojo a mí”, – se queja el propietario de la imprenta. De otro lado: “es demasiado llamativo”, – dice Herminia, la abuela, a Mercedes, su hija de unos 40 años, cuando ésta quiere ponerse un vestido rojo para ir a una fiesta. En aquellos años en España todavía no se llevaban colores alegres. ¡Los colores de ropa cambian con la democratización del país!

“Me da asco la prensa amarilla”, – se indigna Antonio cuando ve su foto hecha en un club dudoso y publicada en el periódico.

Los verdes en el sentido político (ecologistas) en aquella época no existían. El “verde” se aplica en otro contexto: “Van a ponerse verdes de envidia”, – piensa Carlitos refiriéndose a sus compañeros cuando sale con una chica del barrio. Pero “chistes verdes” son chistes sobre sexo y otros de la misma índole, y “el viejo verde” es un viejo asqueroso.

Las mujeres, amas de casa leen y escuchan por la radio novelas rosas. El negro y morado son colores de la Quaresma. Al mismo tiempo – “lo veo muy negro”, – dice el hermano de Antonio, militante del PC, sobre los resultados electorales que espera con impaciencia y desesperación.

La política entra en escena sólamente despúes de la muerte de Franco y empiezan las discusiones sobre el futuro del país que provocan rabia. A mucha gente le da miedo que “pudiera pasar lo que había en la guerra”. Hasta en la misma familia hay “fachas” (fachistas) y republicanos. “Duerme españolito, duerme, que se ha puesto el sol, nuestro buen Caudillo nos da su protección”, – canta un abuelo para hacer dormirse al niño provocando escándalo con su yerno, militante del PC.

Rusia, la Unión Soviética de entonces, está presente en la película, pero siempre en unas conversaciones que son más divertidas que políticas, de la política preferían no hablar. Y en primavera de 1969 era prohíbido viajar a Rusia y a los países “satélites”.

“Cómo quieres que te lo explique si no me entiendes, en ruso? “– grita Inés, irritada, a su ex novio. “Trotsky”, así lo llama Antonio a un activista de Comisiones Obreras cuando España entra en el período de huelgas sin fin (años 1976-77). “Rasputin” – le pone el nombre Antonio, por zelos, a un colega de su mujer. “Las 10 son las 10, aquí y en Sevástopol” – dice el padre a Carlitos censurándolo por haber llegado tarde a casa.

“Oro de Moscú” también aparece en conversaciones cuando quieren acusar a alguien por abrir un negocio con medios poco limpios. Se menciona “la división azul” ya en el contexto serio, tratándose de la Guerra Mundial y de la acción poco exitosa de ésta en el territorio soviético. Durante una charla en el bar reprimen a un vecino por su comentario contra Franco con las palabras siguientes: “No queremos aquí gente al servicio de Rusia”. “Vete a Moscú”, – gritan a un vecino quien propuso hacer el mitin contra las construcciones ilegales en el barrio.

En la escuela primaria en que estudia Carlos, Don Severino, su maestro, les explica a los chicos perplejos algunos eventos políticos y la entrada de España en la OTAN justificándola por el peligro ruso: “Los rusos están por todas partes”, – lo dice mostrando el mapamundi, pero en compensación de repente empieza a criticar a los americanos “los que nos quitaron Cuba” dejando a los niños completamente confundidos. “El peligro que representa Rusia no ha pasado”, – anuncian por la televisión durante las efemérides pomposas con desfiles militares de 1969 por la victoria de Franco en la guerra civil. A menudo se usan los esteriotipos tales como “te mando a Siberia”, “no me vengas con tu Vladimir Lenin”.

El elemento principal de la sociedad es la familia. (Vemos mucho cariño en la familia de los Alcántara). Sabemos que la familia española ha cambiado muchísimo. Nuevos estilos de vida se han abierto paso, las fórmulas de convivencia se eligen por los ciudadanos, se puede casarse “por la iglesia”, “por lo civil” (hasta “por lo militar” – bromea Antonio). Este proceso lo observamos también en la película. No obstante, las palabras de Antonio “pase lo que pase, lo único que importa son personas, especialmente los queridos”, son claves para comprender el espíritu de los españoles.

“Cambia, todo cambia”, – se canta en una famosa canción con la cual termina una temporada de la serie. Cambia España, cambia en todos los sentidos. Ahora es un país cuyos políticos consiguieron hacer reconciliarse (en octubre de 1977 se realizó un acuerdo nacional, conocido como el Pacto de la Moncloa, suscripto por todos los partidos políticos) – al menos ya no es el país de dos bandos, es democrático, abierto al mundo, civilizado que promueve con éxito su nueva imagen. La imagen que no es solamente de un país de playa, sol, corrida y flamenco, sino del país con altas tecnologías, buenos servicios, excelentes deseñadores de moda, etc. El proyecto “marca – país”que engloba muchos objetivos ambiciosos para situar a España en el mundo contemporáneo, está en marcha (6).

Cambia la gente, sus costumbres, lazos familiares, lenguaje coloquial. Sin embargo, con todos estos cambios los españoles quieren guardar y buscar en la memoria cómo eran, qué valores tenían, qué tradiciones les ayudaban a aguantar las difucultades del pasado, en una palabra, no quieren olvidar su Historia. El éxito fenomenal de la película Cuéntame cómo pasó en todas las capas de la sociedad española refleja la nostalgia de la generación madura y el interés y curiosidad de los jóvenes por los momentos cruciales de la Historia reciente y por los sentimientos que nunca pierden su valor – solidaridad, amistad, familia, lealtad, justicia, amor.

LITERATURA

1. Cuéntame cómo pasó. Drama-Historia. Creado por Miguel Ángel Bernardeau. España. Grupo Ganga. Guión Alberto Macías, Eduardo Ladrón de Guevara. 2001-2009.

2. Гумилев Л.Н. От Руси до России. – М.: «Институт Ди-Дик», 1997.

3. Beinhauer Werner. El español coloqual. Madrid, Gredos, 1968.

4. Gascón Martín E. Español coloqual: rasgos, formas y fraseología de la lengua diaria. Madrid, Edinumen, 1995.

5. Moral R. Del. Manual práctico del español coloqual. Madrid, Verbum, 2003.

6. Noya Javier. Potencias blandas. Diplomacia pública, imagen exterior y marca-país en EEUU y España. – Perspectivas exteriores 2004. Madrid, 2004.

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Авилова Н.С.*

(МГИМО (У), Россия)

Закрепление статуса каталанского языка
в законодательстве Каталонии


El estatuto de la lengua catalana en la legislación de Cataluña

Статус каталанского языка закреплен в трех основных законах, принятых на протяжении последних трех десятилетий. Это Закон 7/1983 от 18 апреля о лингвистической нормализации в Каталонии (Llei 7/1983 de 18 de abril, de la normalització lingüística de Catalunya), Закон 1/1998 от 7 января «О лингвистической политике» (Llei 1/1998 de 7 de gener, de política lingüística) и Органический Закон 6/2006 от 19 июля о реформе автономного статуса Каталонии (Llei orgànica 6/2006, de 19 de juliol, de reforma de l'Estatut d'autonomia de Catalunya). Появление первого из этих законов стало знаменательным событием, поскольку он гарантировал право на использование своего родного языка во всех сферах общественной жизни в Каталонии после долгих лет запрета и гонений. Закон 1998 года повторяет основные положения Закона 1983 года, внося коррективы и дополнения, которые регламентируют использование каталанского языка в деятельности правительства Каталонии, сферах делопроизводства и бизнеса. Органический Закон 2006 года регламентирует статус каталанского языка с учетом всех демократических преобразований, произошедших в Испании за это время, и максимально полно описывает лингвистические права и обязанности граждан. Более того, этот Закон делает акцент на официальном признании каталанского языка в Европейском Союзе и его присутствии и использовании в международных организациях и международных договорах культурного или лингвистического содержания.

ЛИТЕРАТУРА

1. Разумихина Д.В. Пути нормализации современного каталанского языка // Каталанская культура. История и современность. Выпуск 2. Русско-каталанское общество. – М. 1994.

2. Llei 7/1983 de 18 de abril, de la normalització lingüística de Catalunya.

3. Llei 1/1998 de 7 de gener, de política lingüística.

4. Llei orgànica 6/2006 de 19 de juliol, de reforma de l'Estatut d'autonomia de Catalunya.

5. Ruiz F., Sanz R., Solé i Camardons F. Història social i política de la llengua catalana. Barcelona. 1999.

Bacardí M.*

(UAB, España)

El Quijote reescrito en catalán

Дон Кихот, переписанный по-каталански

Un aspecto hasta ahora relativamente poco conocido y estudiado en torno a la célebre novela de Miguel de Cervantes es el de sus traducciones al catalán. Resulta un hecho sorprendente, como mínimo, por dos razones: por un lado, porque pocos libros han generado tanta bibliografía especializada y, a la vez, tanta iconografía más o menos popular; por el otro, porque las versiones catalanas del Quijote se elevan más allá de la fabulosa cifra de la treintena, de las cuales cinco son completas, de modo que convierten esta obra literaria en la más traducida al catalán de todos los tiempos. Dos factores pueden haber contribuido a esta inadvertencia: el hecho de que las primeras versiones sean de finales del siglo XIX, mucho más tardías que las de otras lenguas cercanas, y que la traducción se haya considerado, hasta no hace mucho, un trabajo mecánico, sin demasiado relieve ni valor para el sistema literario importador.

La publicación de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, a principios del siglo XVII, coincidió con una época de desprestigio de la lengua catalana como lengua culta, a la sombra de un cierto declive político, económico y social. Así, mientras la repercusión del Quijote se expandía por todos lados y era traducido a muchas lenguas, en nuestro país tuvieron que pasar más de doscientos años para que empezase a interesar traducirlo, justamente cuando los síntomas de un enderezamiento cultural se hacían más palpables. Que los hombres de letras de aquel entonces se fijaran en el Quijote no tiene nada de extraño: miraban, sobre todo, hacia las literaturas castellana y francesa, entre las cuales la novela de Cervantes sobresalía de mucho. Por otro lado, la herencia romántica ya había asociado a la figura protagonista valores extraliterarios fácilmente manipulables según los intereses de cada uno.

No podemos precisar la fecha exacta de la primera traducción del Quijote al catalán que conocemos, pero debe situarse entre 1846 y 1850 (1). Es obra del abogado y político mallorquín Jaume Pujol, quien en un breve tratado gramatical, Observaciones sobre la ortografía mallorquina, incluyó la traducción del capítulo 12 de la primera parte como material didáctico (2). Se trataba de unos preceptos rudimentarios, ya que Pujol estaba convencido, según afirmaba en el prólogo, que el “mallorquín” tenías los días contados; ahora bien, mientras este final no llegaba, estimaba que todavía debía poner en solfa las principales normas ortográficas de una lengua “á quien debemos dar el último adiós” (3).

Magí Pers Ramona, uno de los primeros impulsores del proceso renacentista, con un espíritu bien diferente del de Pujol, introdujo como anexo a su Gramàtica catalana-castellana, de 1847, la traducción de un fragmento del capítulo 18 del primer libro (4) al lado de otros textos literarios. Era presentada como un ejercicio de comparación de las dos lenguas: el mismo fragmento fue impreso en catalán y en castellano en páginas alternas. Por tanto, obedecía también a un propósito instructivo muy preciso.

En las páginas de Lo Gay Saber, en 1868 (5), y del Calendari Català, en 1873 (6), aparecieron las versiones del primer y el segundo capítulo de la primera parte, respectivamente, sin el nombre del traductor. La del Calendari iba acompañada de la nota siguiente: “Dem aquest bocí de traducció del Quixot com a mostra de una que se’n está fent ja fa temps”. Las noticias sobre la autoría de estas traducciones, que parecen ser obra de un mismo autor, son un poco confusas, aunque algunas pistas apuntan a Francesc Pelagi Briz, poeta, narrador, folklorista, traductor y editor remarcable, fundador de las dos publicaciones mencionadas.

También en 1873 salieron a la luz los “Consells de Don Quijote a Sancho Panza”, es decir, la versión de una parte del capítulo 42 del segundo libro, a cargo de Gaietà Vidal de Valenciano (7), notable narrador costumbrista y traductor al catalán de la obra anónima El entremés de refranes (1883). Vidal de Valenciano cooperó con el editor Francesc López Fabra en el proyecto de traducción de los consejos de don Quijote a Sancho a cien lenguas y dialectos, que finalmente no llegó a materializarse.

En 1879, en la emblemática revista La Renaixença, Ignasi Petit dio a conocer la “Cançó a Olalla” (8), uno de los poemas preliminares del Quijote. Algunas fuentes nos informan que Petit tradujo los primeros quince capítulos, mientras que otras hacen referencia a un traducción completa que permaneció inédita y que, en cualquier caso, se ha perdido. Por un manuscrito de la Biblioteca de Catalunya, copiado por Antoni Bulbena Tusell, tenemos la certeza de que trasladó los poemas preliminares de la novela y buena parte de los del primer libro (9).

El historiador y abogado Eduard Tàmaro tradujo el Quijote casi completo, aunque sólo vio impresa la primera parte (10). Miembro de la redacción de El Principado, publicó el traslado en forma de folletín los años 1882 y 1883. Pero el periódico tuvo que cerrar cuando sólo habían salido los capítulos correspondientes al primer libro, de modo que el segundo permaneció inédito. En el breve prólogo que lo encabezaba, Tàmaro se mostraba partidario de una cierta domesticación del original, al afirmar que las traducciones “dehuen ferse acomodantlas al temps en que són empresas”, con el objetivo que la novela de Cervantes “es popularise a Catalunya penetrant fins als últims burchs”, es decir, hasta aquellos que no podían leerla en español simplemente porque no la entendían.

Antoni Bulbena Tusell merece un capítulo a parte en la historia de la traducción del castellano al catalán. Sentía una fascinación inconmensurable por la obra de Cervantes y, en especial, por el Quijote, que reescribió a lo largo de cincuenta años: entre traducciones completas y parciales, inéditas o publicadas, podemos contar diez versiones diferentes, desde 1887 hasta 1937. La primera casi íntegra es de 1891 (11), y salió acompañada de un prólogo jugoso. Admitiendo sin reservas la noción filosófica de intraducibilidad, como más o menos planeaba por toda Europa, se proponía reproducir los principales hechos de la narración, a la vez que se tomaba algunas libertades manifiestas: la abreviación o elisión de algunos episodios y de lo que consideraba digresiones, o la división de ciertos capítulos.

El Quijote de Bulbena, corregido y limpio de castellanismos, se reimprimió dos veces en el siglo XX: en 1930, en una edición popular, y en 1936 (sin el nombre del traductor), justo antes de estallar la guerra, en un formato muy lujoso, que debió de quedar al alcance de bien pocos compradores en la década de los cuarenta, cuando se empezó a distribuir en círculos reducidos. En 2005 volvió a editarse, en una doble modalidad: una reedición completa y los capítulos que transcurren en Barcelona según la versión de 1930, las dos nuevamente corregidas.

A parte de la versión de 1891, tres años después, en 1894, Bulbena emprendió una Nova traducció abreviada a útil del jovent (12), una adaptación juvenil de la novela mucho más breve. Asimismo, trasladó todas la novelas ejemplares de Cervantes, aunque sólo tres salieron a la luz: Raconet e Talladell (1895), Lo casori enganyador y Col·loqui dels cans Scipió & Bergança (1930). En plena guerra civil, en 1937, catalanizó la historia completa del Curioso impertinente (13) (que hasta entonces siempre había trasvasado de forma abreviada), como un ejercicio balsámico, ante las aflicciones que le asediaban por todas partes. Hay que añadir que Bulbena no se sujetó nunca a las normas ortográficas establecidas por Pompeu Fabra y el Institut d’Estudis Catalans, y que, por otro lado, el mismo costeó la edición de algunos de estos libros, con unas tirajes de unos pocos centenares. La pregunta parece inevitable: ¿qué le empujaba a perseverar en una tarea en apariencia “inútil” y con una difusión bastante restringida? Un ideal, claro está. Así lo exponía en el dietario inédito escrito durante la guerra civil:

...ab la pruhija de posar-la [la llengua catalana] al nivell literari de les que jo coneixía, éra lo més natural que, volènt jo descastellanitzar lo català, m’enprengués de catalanitzar lo castellà. A aytal obgécte, vaig aplegar los quatre caps-de-brót clàssichs de la llénga qui prou ha malmès la nostra, ço és: lo Llatzer de Tormes, La Celestina, lo Don Quixot i les Noveles de Cervantes, los quals, literalment traslladats doní a llum (14).

Si nos situamos de nuevo a comienzos de siglo, en 1905, el año del tercer centenario de la publicación del primer libro del Quijote (Carme Riera ha estudiado su repercusión en la prensa) (15), dos escritores mallorquines vieron impresas sus versiones de la novela. En abril de aquel año la revista Catalunya, dirigida por Josep Carner, para conmemorar la efeméride ofreció dos “Escenes del Quixot”, los capítulos 2 y 3 de la primera parte y el 9 de la segunda, en una traducción de Joan Rosselló de Son Fortesa (16), prosista reputado, traductor de Mistral, Daudet, Maupassant, Turguénev o Txékhov.

El presbítero mallorquín Ildelfons Rullan, interesado en la paremiología, dio a conocer la tercera traducción íntegra del Quijote, en dos volúmenes, en 1905 y en 1906 (17). La encabezó con un prefacio en el que reivindicaba, con cierta exaltación, la traducibilidad de la novela de Cervantes, por encima de las dificultades de expresión e, incluso, de comprensión: “¿Que mos importa, que hi haje expressións que no sa puguen dir iguals, si ne trobam de parescudeas? ¿Qué mos fa a nòltros si no entenem referencias a còsas desconegudas perque no las usam?” Así, concluía con una afirmación categórica, casi una divisa: “Prenguem per lo tant lo que puguêm traure d’una traducció” (18). Una divisa que le permitía omitir la novela del Curioso impertinente, sustituir algunos poemas por canciones populares o transportar ciertas aventuras a lugares diversos de la isla de Mallorca (19).

Desde la primera traducción “completa”, la de Tàmaro, en 1882, hasta la de Rullan, en 1905, sólo habían transcurrido veintitrés años, un lapso de tiempo muy breve para un original tan extenso y complejo de traducir. En veintitrés años, habían aparecido tres. Habría que añadir las versiones parciales y la repercusión social (asociaciones, publicaciones, efemérides…) de que el Quijote gozó en el paso de los siglos xix al XX. Hasta el punto que el historiador Francesc Carreras Candi, en una serie de artículos publicados en La Veu de Catalunya, y recogidos el 1895 en un volumen con el título Lo cervantisme a Barcelona, hablaba, literalmente, de una “manía cervántica” (20). Al fin y al cabo, esta manía ligaba con el anhelo de dignificación de la lengua culta de los prohombres del Renaixença y con su hispanismo inveterado.

Asimismo, habría que sumar, como un fruto tardío, la traducción inédita del erudito y abogado valenciano Francesc Martínez Martínez, iniciada el 1906, con el empuje de la celebración clamorosa del tercer centenario del Quijote, y de la cual solamente han sido impresos tres capítulos, en épocas y publicaciones diferentes: el primero (21) y el último (22) y el pasaje de los consejos del caballero al escudero (23). En 1944 el mismo traductor informaba de las lamentables vicisitudes por las que había tenido que pasar aquel transvase:

Años atrás publicóse en este mismo periódico Las Provincias el primer capítulo de la traducción valenciana del Don Quijote, la que con paciencia y múltiple trabajo habíamos realizado durante largas veladas; pero esta versión a la lengua vernácula, terminada y puesta a máquina, nos fué sustraída, con la particularidad de que la primera parte ocurrió en nuestro domicilio de Valencia, y la segunda en Casa Doñana, si bien esta última desaparición viene a resultar más rara, por ser aquel país de habla puramente castellana (24).

En contraste con este fervor por Cervantes y su obra principal, hasta 1969 no se publicó una nueva traducción completa de la novela, a cargo de Joaquim Civera Sormaní, un periodista y lexicógrafo de antes de la guerra civil, fundador del periódico El Matí, que alivió el silencio forzoso de la posguerra con esta tarea incierta, publicada póstumamente y no muy difundida, acometida, eso sí, con plena consciencia de las limitaciones que sufría de entrada:

Els catalans cultes podem llegir l’obra cabdal de Cervantes en la llengua original. ¿Per què, doncs, hem tingut la gosadia de fer parlar Don Quixot en la nostra llengua pairal? Perquè hem volgut retre un homenatge a l’escriptor insigne que va dir coses belles de Catalunya i va lloar la llengua catalana. Si Don Quixot ha estat traduït a totes les llengües cultes, calia que ho fos també a la llengua que és l’instrument d’expressió del nostre poble (25).

Más de sesenta años pasan, así pues, entre el Quijote de Rullan (1906) y el de Civera (1969). El dato resulta sintomático. El vacío que se produce en las traducciones de esta novela puede extrapolarse, en general, en la traducción del castellano al catalán. La lengua de llegada disfrutaba ahora de prestigio, pero se cuestionaba el de la lengua de partida. Un movimiento tan renovador, por la cultura catalana, como el modernismo no podía favorecer este tipo de translaciones, obstinado como estaba en importar modelos culturales nuevos, desconocidos hasta entonces. El afán de incorporarse plenamente a Europa, de subir al tren de las culturas ricas y prósperas, se mantuvo intacto hasta la guerra civil. La traducción del castellano al catalán (que todavía debía de considerarse un fenómeno pseudorenacentista), poca cabida tenía en este programa.

La dictadura franquista, también en este aspecto si se quiere marginal de las letras, supuso una ruptura. Como es sabido, la censura, a lo largo de la década de los cuarenta, denegó todas las solicitudes para publicar traducciones al catalán, hasta que en 1948 Carles Riba y Josep M. de Sagarra consiguieron el permiso para dar a luz sus versiones de la Odissea i la Divina Comèdia, con la condición de no ultrapasar los límites de las ediciones de bibliófilos (lo cual implicaba tirajes muy cortos y precios astronómicos) (26). El año anterior, en 1947, Lluís Deztany, pseudónimo del militar y erudito Lluís Faraudo y de Saint-Germanin, consiguió ver impreso el traslado de la novela ejemplar Les dues donzelles de Cervantes (figura que, como otras, el régimen trató de manipular según sus conveniencias), en una edición también bien restringida: 359 ejemplares. Pero, en realidad, ¿quién podía estar interesado en traducir de una lengua impuesta a una lengua perseguida? Tenían que pasar casi unos veinte años más, hasta la segunda mitad de los sesenta, para que empezase a aparecer otra vez un número significativo de traducciones del castellano al catalán: Cela, Gironella, Martín-Vigil… y, nuevamente, Cervantes.

Después de la traducción completa de Civera, a partir de la década de los setenta y, más aún, en la de los ochenta, cuando se vuelve a introducir el catalán en los ciclos de enseñanza primaria y media, surgen un montón de adaptaciones infantiles y juveniles más o menos parciales del Quijote: seis de 1971 a 1990. La primera, un gran proyecto editorial de la empresa Marketing Ibérica reescrita en catalán por Enric Piferrer Chafer (27), en forma de cómic sobre un fondo de fotografía de los escenarios reales, quedó interrumpida: de los once volúmenes anunciados, sólo hemos localizado los dos primeros, de modo que las aventuras del caballero se acaban enseguida, poco después de la batalla contra los molinos de viento. L’ínsula Baratària. Fragment de Don Quixot de la Manxa” (28), publicada en 1975, es una adaptación escénica del dramaturgo Jordi Voltas de este episodio tan conocido. En cambio, El Quixot a Barcelona (29) reúne íntegramente los capítulos del segundo libro, del 60 al 66, que relatan las aventuras del personaje en Barcelona, y apareció, de la mano del poeta y narrador Joan Valls, en 1983, en una colección de “Lectures de l’Estudiant”. El año siguiente, en 1984, Pere Sans Falguera dio a conocer una nueva adaptación escénica de la novela, en dos actos y veinte cuadros (30), después de haber confeccionado unas cuantas en español. En 1986 Marta Giráldez Puvill publicó otro El Quixot a Barcelona (31), pero no una traducción strictu sensu como la de Joan Valls, sino una adaptación de esta parte, y muy sintetizada. Por último, en 1990 Josep Daurella tradujo la adaptación del Quijote de José Luis Jiménez-Frontín (32), que, según especificaba la nota preliminar, “recrea l’estil de Cervantes i ofereix els passatges més significatius, alhora profunds i divertits de la novel·la”.

A finales de 2004 y a lo largo de 2005, aprovechando la efeméride del aniversario cervantino, aparecieron cinco adaptaciones más, libros de gran formato y con numerosas ilustraciones: Las aventures d’en Quixot, acomodadas originariamente en catalán por Anna Obiols y “restituidas” al castellano por Carla Palacio (33); un pulcro Don Quixot de la Manxa, que comprende tan solo los episodios de la primera parte, ajustado por Vicente Muñoz Puelles y traducido por Josep Palomero (34); El Quixot explicat als infants, según Rosa Navarro Durán, con traducción de Pau Joan Hernàndez (35); el Don Quixot de Carlos Reviejo, traducido al catalán por Núria Font Ferré, combina oraciones muy sencillas con dibujos que los primeros lectores deben adivinar (36); y el último, hasta ahora, Don Quijote fue confeccionado por Armonía Rodríguez y traducido por Jordi Teixidor (37).

Con la publicación de la versión íntegra y anotada de Josep M. Casasayas (38) se completó un año magnífico de Quijotes catalanes. Abogado, miembro fundador y presidente de la Asociación de Cervantistas, Casasayas reunió una colección personal sobre temes cervantinos de más de 25.000 volúmenes. Su traducción, encabezada por un volumen introductorio en el que trata tanto cuestiones referidas a la novela como a su trabajo de mediador, es bastante libre y desenvuelta: “He procurat decantar-me totalmente d’una traducción mecànica” (39). En esencia traslada el contenido, pero a menudo se aleja del texto originario y lo reformula de modo bien distinto, buscando las palabras y expresiones mallorquinas equivalentes, con el fin de acercar la novela al lector de hoy (“els lectors de les Balears/Pitiüses, majoritàriament de Mallorca”) (40).

Sea como fuere, ojalá, pasados los aniversarios, continuemos teniendo la necesidad de reescribir en catalán esta novela inmensa y genial, incansablemente.

LITERATURA

1. Martínez i Taberner, Catalina. “Jaume Pujol i la llengua catalana”. A: Miscel·lània Jordi Carbonell iv. Estudis de llengua i literatura catalanes, xxv. Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1992, p. 94.

2. Ferrer, Antoni-Lluc. “Don Quijote, I, XII: la traducció i les Observaciones de Jaume Pujol”. Randa, 20 (1986), p. 207-228.

3. Ibídem, p. 212.

4. Pers y Ramona, Magí. Gramàtica catalana-castellana, adornada amb exemples de bons autors, alguns diálogos familiars ab la correspondencia de las frases mes dificils de la llengua y alguns trossos escullits en prosa y vers, ab la versió corresponent al costat. Barcelona: Imprenta de A. Berdeguer, 1847, p. 229-233.

5. “Traducció del Quixot”. Lo Gay Saber, i, 3 (1 abril 1868), p. 19-20.

6. “Don Quixot. Com sortí per primera vegada de sa terra l’enginyós D. Quixot”. Calendari Catalá (1873), p. 99-104.

7. Vidal de Valenciano, Cayetano. “L’enginyos cavaller don Quixot de la Mancha per Miguel de Cervantes Saavedra. Madrit (Espanya) 1605-1615. Fragment del capítol xlii (Segona Part). De los consells que doná Don Quixot á Sanxu Panza avans que anás á gobernar la illa, ab altres coses ben considerades”. La Renaxensa, iii, 8 (10 maig 1873), p. 106-107.

8. Petit, Ignasi. “Cansó á Olalla. Traducció de Cervantes”. La Renaxensa ix, 2 (15 juliol 1879).

9. Versos del Don Quixot traduhits per Ignasi Petit y Riera (metge) de S. Feliu de Codines (1813-1872). Copiats exactament del manuscrit original (1886). Barcelona: Biblioteca de Catalunya, 1894, ms. 1.258.

10. Cervantes Saavedra, Miguel de. L’Ingeniós Hidalgo Don Quixot de la Mancha. Escrit per Miquel de Cervantes Saavédra y traduhit à la llengua catalana per D. Eduart Tàmaro, llicenciat en Jurisprudencia. Primera part. Barcelona: Estampa de Cristófol Miró, 1882.

11. Cervantes Saavedra, Miquel de. L’enginyós cavaller Don Quixòt de la Manxa. Compost per Miquel de Cervantes Saavedra. Traslladat á nostra llengua materna, y en algunes partides lliurement exposat per Antoni Bulbena y Tusell. Barcelona: Tipografía de F. Altés, 1891.

12. Cervantes. Don Quixot de la Manxa. Nova traduccio, abreviada a util del jovent. Barcelona: Fidel Giró, 1894.

13. Lo curiós impertinent. Novela ingerida en la primera part del Don Quixot de Miquel de Cervantes, literalment traduhida en català literari de Antoni Bulbena-Tosell, traductor de tota la obra en 1891. Barcelona: Biblioteca de Catalunya, ms. 1.445.

14. Dietari d’Antoni Bulbena-Tosell. Continuació dels “Recorts d’un Barcelona octogenari”, ecziliat sí metéis forçosament al seu vell casalot de La Garriga. Barcelona: Biblioteca de Catalunya, ms. 3244, p. 31.

15. Riera, Carme. El Quijote desde el nacionalismo catalán, en torno al Tercer Centenario. Barcelona: Destino, 2005.

16. Rosselló, Joan. “Escenes del Quixot”. Catalunya (30 abril 1905), p. 13-23.

17. Cervantes Saavédra, Miquèl de. L’Enginyós Hidalgo Don Quixote de la Mancha. Compòst per Miquèl de Cervantes Saavédra y traduit ara en mallorquí sa primera vegada per n’Idelfonso Rullán, Prevere. Llicenciat en Filosofia i Lletras. Felanitx: Imprempta d’en Bartoméu Rèus, vol. I, 1905; vol. II, 1906.

18. Ibídem, p. vii.

19. Cotoner, Luisa. “Una curiosa traducción del Quijote al mallorquín” (Journal of Iberian anb Latin American Studies, en prensa; Cotoner, Lluïsa; Riera, Carme. “Introducció. La traducció mallorquina d’Ildefonso Rullán”. A: Cervantes Saavedra, Miquel de. L’enginyós hidalgo Don Quixote de la Mancha. Palma: Olañeta, 2005, p. XIII-XXXII.

20. Carreras y Candi, Francesch. Lo cervantisme á Barcelona. Barcelona: Estampa “La Catalana” de J. Puigventós, 1895, p. 34.

21. “Una versión del “Quijote” en valenciano”. Las Provincias (22 abril 1933), p. 13-14

22. Martínez Martínez, Frances. “El 328 aniversario de la muerte de Cervantes”. Las Provincias (16 abril 1944), p. 8.

23. Martínez y Martínez, Francisco. “Dels consells que va donar Don Quixòt a Sanxo Pança abans de que anara a governar la Insula, ab altres còses de gran consideració”. A: Sedó Peris-Mencheta, Juan. Cervantes: De los primeros consejos que dió Don Quijote a Sancho antes que fuese a gobernar la Insula (Don Quijote, II, 42). Barcelona: Imprenta-Escuela de la Casa Provincial de Caridat, 1941, vol. II, p. 10-12.

24. Martínez Martínez, Frances. “El 328 aniversario de la muerte de Cervantes”. Op. cit.

25. Cervantes Saavedra, Miguel de. Don Quixot de la Manxa. Barcelona: Tarraco, 1969, p. 3.

26. Gallofré i Virgili, Maria Josepa. L’edició catalana i la censura franquista (1939-1951). Barcelona: Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 1991, p. 380-386.

27. Cervantes Saavedra, Miguel de. L’enginyós cavaller Don Quixot de la Manxa. Madrid: Marketing Ibérica, 1971.

28. L’ínsula Baratària. Fragment de “Don Quixot de la Manxa”. Barcelona: La Galera, 1975.

29. Cervantes, M. de. El Quixot a Barcelona. Barcelona: L’Atzar, 1983.

30. Cervantes Saavedra, Miguel de. L’enginyós cavaller don Quixot de la Manxa. Barcelona: Manuel Pareja, 1984.

31. Cervantes Saavedra, Miguel de. El Quixot a Barcelona. Barcelona: Asesa, 1986.

32. Cervantes, Miguel de. El Quixot. Barcelona: Proa, 1990.

33. Les aventures d’en Quixot. Barcelona: Lumen, 2004.

34. Cervantes, Miguel de. Don Quixot de la Manxa. Alzira: Bromera, 2004.

35. El Quixot explicat als infants. Barcelona: Edebé, 2005.

36. Reviejo, Carlos. Don Quixot. Barcelona: Cruïlla, 2005.

37. Cervantes, Miguel de. Don Quixot. Barcelona: La Busca, 2005.

38. Cervantes saavedra, Miguel de. L’enginyós cavaller Don Quixot de la Manxa. Traducció integral, amb explicacions i comentaris de Josep Mª Casasayas Truyols. Palma: El traductor, 2005. 3 vols.

39. Ibídem, p. 89.

40. Ibídem, p. 64.

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